Va de nuevo

 "Ser realista" alguna vez significó estar a tono con la realidad experimentada como algo sólido e inmóvil.  El realismo capitalista, sin embargo, implica que nos subordinemos a una realidad infinitamente plástica, capaz de reconfigurarse en cualquier momento.

Mark Fisher

Realismo capitalista



La pandemia del 2020 introdujo cambios profundos en el sistema educativo de la Provincia de Buenos Aires (Hoy a cargo de Alberto Sileoni).  Mucho se repite que en realidad la pandemia no cambió las cosas sino que puso en evidencia las fallas, las precariedades, etc.  Sin embargo creo que eso es otro de los atajos del pensamiento que se instalan sin mucho cuestionamiento.  La pandemia con su suspensión masiva de todas las actividades humanas, debería haber puesto en cuestión todo desde cero.  Sin embargo, no fue así.  En educación, fue la excusa para cambios drásticos en las condiciones laborales docentes que de otra manera hubieran tardado más o tal vez no se hubieran producido.

La entrega de la educación a las GAFAM es uno de esos cambios.  También el exagerado aumento de la burocracia, la evaluación, los métodos de seguimiento y de registro, con la excusa de la revinculación y la inclusión de lxs alumnxs en la escuela.  Queda explicitado en los documentos oficiales que la escuela es una institución de contención social, en donde entre otras cosas, se facilita el encuentro de los alumnxs con el conocimiento.  Lxs docentes tendremos más planillas que presentar y con más frecuencia, usando calificaciones tanto numéricas como conceptuales.  Esta redundancia y multiplicación de registros evaluativos, no tiene, lo sabemos, ningún beneficio para los aprendizajes.  Por un lado porque aumentar las tareas burocráticas lógicamente introduce una tarea extra, aumentando la sobrecarga laboral en detrimento del tiempo que el docente le puede dedicar a su trabajo pedagógico.  Por otro lado, porque ninguna otra variable se modifica.  No se solucionaron problemas de infraestructura, no se construyeron aulas, no se renovó el mobiliario, no se mejoró el espacio áulico, no se nombraron más docentes, etc, etc,  y sobre todo, el salario docente sigue manteniéndose en niveles inaceptables de pobreza.  Agregar tareas burocráticas, por lo tanto, solo puede empeorar las condiciones de enseñanza aprendizaje y resentir dicho proceso.

A diferencia de otros años, el ciclo lectivo 2022 empieza sin ningún debate docente sobre estas condiciones de súper explotación laboral.  La organización sindical, tanto oficialista como oposición se han demostrado impotentes (si bien por diferentes causas) para vehiculizar la organización de lxs trabajadorxs docentxs. Mientras inventamos nuevas formas de organización y resistencia, (o tal vez mientras las inventan lxs más jóvenes, ya que mi generación tiene puesta su mente en jubilarse o ya se jubilaron) debemos recomenzar una y otra vez, una y otra vez, sabiendo que no habrá vuelta atrás.  

No rendirse.

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