¿Otra historia de madres e hijas?
En su novela Mandíbula Mónica Ojeda viene a narrar una historia de madres e hijas desde el horror y la reformulación de antiguos mitos y miedos ancetrales. Si el mito de Edipo está asociado a la figura del Padre y a un enigma cuya respuesta es vital, en Mandíbula el mito se re formula alrededor de otro enigma terrorífico: "¿cuál es el único animal que nace de su hija y alumbra a su madre?"
La novela explora los vínculos de un grupo de chicas adolescentes de la clase alta de Guayaquil, alumnas de una escuela privada del Opus Dei. Las relaciones entre las chicas se construyen en torno a los cambios terribles de la adolescencia , mientras los vínculos entre ellas y sus madres ocurren en un marco de hipocresía, mandatos patriarcales crueldad y violencia.
Lideradas por Fernanda y Annelise, las jóvenes ocupan un edificio abandonado donde empiezan a reunirse en secreto en rebeldía hacia sus madres, padres y maestres. Mientras la escuela es un establecimiento venerable, pulcro, luminoso, moderno pero con plantas de interior de plástico, el edificio abandonado tiene escaleras torcidas, pisos inacabados, derruidos y alberga un manglar donde habitan culebras, palomas, insectos y hasta un cocodrilo cuya presencia fantasmagórica enciende la imaginación de las adolescentes. Fernanda encuentra una habitación intacta que decide pintar de blanco y Annelise propone reunirse allí a contar historias de terror. La relación entre la palabra y el cuerpo queda establecida en un pacto de hierro: si la historia no les provoca miedo, la narradora debe cumplir un reto que rápidamente se establece como la exigencia de alguna proeza física que implique dolor, peligro pero también fuerza, habilidad y resistencia. El edificio se convierte en el reverso de la escuela con un método pedagógico implacable que pronto dará frutos. La habitación blanca con su evocación al útero progresivamente se volverá un lugar espectral con algún tipo de vida y de conciencia. Y la reunión literaria devendrá en un ritual siniestro que recuerda a los círculos de las brujas donde se pronuncian conjuros y el lenguaje importa en su cadencia, musicalidad, reiteración y en su capacidad de anular la conciencia individual en función de un deseo colectivo que puede ser de iluminación pero también de autodestrucción. El edificio inacabado es un futuro ya en ruinas, tal vez el único el futuro que pueden pensar e imaginar las adolescentes
En la escuela, a su vez las escenas de lectura ocurren en las clases de la nueva profesora de Literatura, Miss Clara, quien les propone textos de Edgar Allan Poe, capítulos de Moby Dick, y poesías perturbadoras como The Hollow man de T.S. Elliot. Según la profesora, "La poesía es un intento de crear la experiencia de aquello que no puede decirse"
Para Fernanda estos textos le permiten desarrollar una teoría de la adolescencia relacionada con la literatura de terror asociada al terror blanco y a su vez, al terror cósmico de Lovecraft. La adolescencia es una edad blanca en la que las personas pueden convertirse casi en cualquier cosa en un proceso doloroso de metamorfosis que vuelve sus cuerpos terribles, a la vez desagradables y atractivos sexualmente. La figura de la profesora-madre encarna en el personaje de Miss Clara, una mujer, ante todo y por eso mismo, un ser marcado, irremediablemente traumado por su madre y también por sus alumnas-hijas.
La novela explora los vínculos de un grupo de chicas adolescentes de la clase alta de Guayaquil, alumnas de una escuela privada del Opus Dei. Las relaciones entre las chicas se construyen en torno a los cambios terribles de la adolescencia , mientras los vínculos entre ellas y sus madres ocurren en un marco de hipocresía, mandatos patriarcales crueldad y violencia.
Lideradas por Fernanda y Annelise, las jóvenes ocupan un edificio abandonado donde empiezan a reunirse en secreto en rebeldía hacia sus madres, padres y maestres. Mientras la escuela es un establecimiento venerable, pulcro, luminoso, moderno pero con plantas de interior de plástico, el edificio abandonado tiene escaleras torcidas, pisos inacabados, derruidos y alberga un manglar donde habitan culebras, palomas, insectos y hasta un cocodrilo cuya presencia fantasmagórica enciende la imaginación de las adolescentes. Fernanda encuentra una habitación intacta que decide pintar de blanco y Annelise propone reunirse allí a contar historias de terror. La relación entre la palabra y el cuerpo queda establecida en un pacto de hierro: si la historia no les provoca miedo, la narradora debe cumplir un reto que rápidamente se establece como la exigencia de alguna proeza física que implique dolor, peligro pero también fuerza, habilidad y resistencia. El edificio se convierte en el reverso de la escuela con un método pedagógico implacable que pronto dará frutos. La habitación blanca con su evocación al útero progresivamente se volverá un lugar espectral con algún tipo de vida y de conciencia. Y la reunión literaria devendrá en un ritual siniestro que recuerda a los círculos de las brujas donde se pronuncian conjuros y el lenguaje importa en su cadencia, musicalidad, reiteración y en su capacidad de anular la conciencia individual en función de un deseo colectivo que puede ser de iluminación pero también de autodestrucción. El edificio inacabado es un futuro ya en ruinas, tal vez el único el futuro que pueden pensar e imaginar las adolescentes
En la escuela, a su vez las escenas de lectura ocurren en las clases de la nueva profesora de Literatura, Miss Clara, quien les propone textos de Edgar Allan Poe, capítulos de Moby Dick, y poesías perturbadoras como The Hollow man de T.S. Elliot. Según la profesora, "La poesía es un intento de crear la experiencia de aquello que no puede decirse"
Para Fernanda estos textos le permiten desarrollar una teoría de la adolescencia relacionada con la literatura de terror asociada al terror blanco y a su vez, al terror cósmico de Lovecraft. La adolescencia es una edad blanca en la que las personas pueden convertirse casi en cualquier cosa en un proceso doloroso de metamorfosis que vuelve sus cuerpos terribles, a la vez desagradables y atractivos sexualmente. La figura de la profesora-madre encarna en el personaje de Miss Clara, una mujer, ante todo y por eso mismo, un ser marcado, irremediablemente traumado por su madre y también por sus alumnas-hijas.
Si la pregunta es a qué le tenemos miedo las mujeres y en particular las mujeres en Latinoamérica, la respuesta de Mónica Ojeda parece ser : a ser devoradas por nuestras madres, a no poder evitar el destino de ser como ellas, de repetir sus gestos, sus formas de vestir de pensar de actuar, a volver a sufrir los maltratos que ellas sufrieron y a infligir esos maltratos, esa crueldad, a nuestras hijas. A su vez las hijas se constituyen en el terror de las madres, el eterno recordatorio de que alguna vez desearon y fueron deseadas pero tuvieron que someterse a todas las vejaciones del patriarcado. Y parte fundamental de ese sometimiento es la obligación de perpetuarlo en las hijas. Este terror aparece también en La deuda, un cuento de Liliana Colanzi en el cual la protagonista está embarazada pero oculta su embarazo repitiendo sin saberlo la historia de su madre y de su propio nacimiento. Colanzi también recurre al terror, a los encantamientos, la brujería, las escenas de pesadilla.
Hay otro miedo que atormenta a las mujeres y es el pavor del propio cuerpo que periódicamente nos recuerda, con un lenguaje de sangre y dolor, que podemos ser madres sin desearlo. En América latina donde el colonialismo tiene una tradición de violación (la historia del mestizaje es también una historia de la violación) y de imposición del cristianismo que criminaliza el aborto este miedo es muy real y cotidiano.
Estos miedos que provienen del sometimiento de los cuerpos ante la ley del patriarcado y de la conquista enlaza otro de los problemas que trabaja la novela : la eterna pelea entre la lógica de la mente y la lógica de los sentidos. La palabra fracasa estrepitosamente en su capacidad de sublimación de la violencia y de la pulsión de muerte. Y esto es así paradójicamente en un mundo invadido por lo virtual, las pantallas y los algoritmos que al mismo tiempo que impiden los contactos personales y la cercanía con la corporalidad de les otres, generan historias, las llamadas creepypasta, cuyos consumidores adolescentes no solamente reproducen ávidamente en las redes sino que desesperadamente buscar encarnar en la práctica, desencadenando masacres reales de una crueldad inusitada.
La profesora - madre pierde toda capacidad de pensamiento simbólico, se convierte en un ser de pesadilla que no habla más que con la pura corporalidad. Fernanda la narradora de historias de horror crea su mejor relato provocando en Miss Clara un devenir monstruo, en el que la maestra -madre arrastra a Fernanda, la alumna -hija en un acto pedagógico definitivo y demente:
"Ser una buena maestra y no pasarle la palabra sino la llaga: el conocimiento mayor que solo podía darse en la carne"
Mandíbula, una historia de madres e hijas, de dientes rechinando y brujas que portan como corona la mandíbula de un tiburón, esa fuerza que guardada en los huesos y que habita en la boca, esa fuerza que acecha a las mujeres con el terror de la blancura.
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