Dioses verdaderos
Nuestra piel muerta de Natalia García Freire es un monólogo en primera persona en el que Lucas, el hijo, habla con su padre ya muerto y enterrado en el jardín de la casa y va narrando la historia familiar a partir de la aparición de dos hombres extraños llamados Felisberto y Eloy que se hospedan en la casa y traen consigo el horror y la violencia. Lucas narra el encierro de la madre, su creciente desamparo y aislamiento al punto de convertirse en un esclavo de los extranjeros que controlan todo y van causando la destrucción de la familia. El padre apoyándose en los prejuicios religiosos y en la autoridad del cura y las beatas del pueblo decide destruir los libros de botánica que su esposa, libros que ella atesora como recuerdo familiar y por su interés en el mundo natural. A partir de entonces la madre será encerrada en una recóndita habitación de la casa y luego enviada a un sanatorio. En su condición de huérfano sin justicia y enfrentado a violentos cruces marcados por la colonización, la evangelización y el patriarcado, el niño encuentra refugio en una cueva cerca de la casa donde entabla una relación cada vez más íntima con los insectos que la habitan. " Uno se encapricha con lo monstruoso", dice en un momento. Mientras en su casa se convierte en un paria, en esa cueva húmeda, réplica ancestral del útero, rodeado de un universo de arañas, alacranes, escarabajos y pequeños monstruos, el niño se siente protegido y amado. Enfrentado a la tarea de sobrellevar el dolor y la impotencia de no poder ayudar a su madre, Lucas siente un odio creciente hacia su padre y hacia el Dios de la religión católica.
García Freire teje una trama minuciosa, paciente y geométrica como la tela de una araña. La forma triangular de la tríada madre-padre hijo tiene su correlato en la Santísima Trinidad pero se descompone y replica como en un fractal en otros grupos de tres personajes como el padre- Felisberto - Eloy, la madre- el profesor- Lucas, las tres nodrizas o el tío con sus dos hijas. La geometría y la simetría de los insectos rivaliza con la geometría triangular de Dios.
La novela utiliza elementos de terror, el cuarto cerrado, los hallazgos perturbadores, la casa como el lugar donde se acumulan y pesan los secretos de un famila. Logra crear la atmósfera insoportable del creciente sufrimiento de ese niño, el tercer vértice del triángulo familiar, el más frágil y a la vez el más decidido. De las personas que alguna vez lo cuidaron y amaron, Lucas solo conserva un Libro y ese libro, con la imagen de la Reina de los Artrópodos le revela quiénes son lxs verdaderos dioses del mundo. Oscuros y diminutos dioses de simetría perfecta, de bellas alas y corazas brillantes. Los insectos han estado y estarán, su existencia es eterna, incuestionable, tenaz. Su capacidad de metamorfosis, de mudar de piel y abandonar esas pieles muertas para seguir viviendo los hace particularmente mágicos y poderosos. Los insectos aparecen allí donde hay humedad, oscuridad, putrefacción. Aparecen allí donde hay cuerpos muertos y los llenan de vida, aparecen en cada despreciable fragmento en disgregación: cabellos, piel muerta, huesos, huecos, heridas, sangre. Aparecen en las grietas de las casas y de las cuevas ancestrales, llenando todo de una música zumbante y exquisita, llenando todo de vida irrefrenable, inextinguible, eterna. Bajo el amparo de esos dioses tendrá lugar una forma de venganza.

Comentarios
Publicar un comentario