Basta de notas



Leo una descripción de una escuela pública en Francia

Donde intentamos hacer creer que un ideal, la escuela de la república, va tomando forma, en todas partes huele desesperadamente a humano. Hay olores a sudor en las aulas. El delicado aroma de la comida recalentada en el microondas de la sala de profesores. El hedor de los baños en los pasillos. Y luego están todos esos momentos de la humanidad aún no enmarcados. Niños que se escabullen de la amante durante el descanso y corren felices por los pasillos con el culo al descubierto. Mi alumna Fatma que le grita a una ventana y lleva dos horas de penitencia, oye, eso le enseñará a no respetar la escuela de la república. Una pizza que tratan de meter en mi clase de BTS (Ciclo orientado) y a la que me opongo vigorosamente porque a pesar de todo, ¡qué indignidad! Es un lugar grotesco, un popurrí de monasterio y fábrica, en bunkerización desenfrenada desde los atentados.

Tendemos a pensar que las escuelas del primer mundo son diferentes pero esta descripción nos resulta muy familiar. Nos reconocemos en ese choque realidad-ideal que siempre nos golpea cuando pensamos la escuela. El sistema de separaciones en clases y en materias, los reglamentos y rutinas, las calificaciones y acreditaciones, la evaluación permanente, toda esa maquinaria es exactamente igual.  Es la misma la insoportable proletarización de les alumnes en pos de formarlos, formatearlos para un mercado laboral donde rige la supervivencia del más fuerte, la ley de la jungla de los mercados. Sea la mano invisible de la meritocracia salvaje sin rostro humano o la "humanizada" y progresista igualdad de oportunidades, es exactamente la misma maquinaria.

Durante la pandemia y la cuarentena estricta de 2020 se impuso la clase remota.  Fue un caos, un sufrimiento sobre el sufrimiento del encierro, una agonía prolongada durante un bienio. Mis colegas se abroquelaron en la idea de seguir a como diera lugar.  "En dos semanas organizamos el Classroom" se enorgullecían algunes si bien pronto fue evidente que les alumnes no sabían usar una aplicación pobre en posibilidades educativas, demasiado poco amigable.  Classroom tenía, además,  problemas de almacenamiento ya que su nube, Drive,se llenaba enseguida y resultaba una rueda de molino al cuello en celulares de gama baja como los que tenían las familias de nuestres alumnes. Classroom estaba muy lejos de las aulas digitales Moodle que el Gobierno prometió pero jamás facilitó de manera masiva mediante sus planes de nombres sonoros (Juana Manso, Aulas del Bicentenario, no fueron más que propaganda electoral).  Así las cosas, les  profes que se las daban de proactives,  tuvieron que buscar alternativas y liberaron sus celulares desatando una hecatombe total.  Descubrieron el significado de la expresión 24/7 laboral pero no dieron el brazo a torcer.  A pesar de que en los zooms se conectaban cada vez menos estudiantes, a veces dos o tres, a veces ninguno, les docentes enviaban trabajos prácticos a repetición, acumulando una cantidad de cuestionarios, ejercicios de matemática, cuentos para leer y analizar, textos y resúmenes para escribir, más cuestionarios, etc, etc  Actividades que nadie en su sano juicio hubiera tomado en serio como un proceso de enseñanza aprendizaje ni siquiera visto de lejos.  La voluntad lo guiaba todo, la voluntad de seguir como sea, para que nadie dijera que les docentes no trabajábamos, para que nadie dijera que les chiques iban a perder el año.  Pero no contaban con que les estudiantes veían un poco más allá.  Les jóvenes creían en la escuela, en un cierto modo, querían aprender.  Y como les jóvenes no son hipócritas, se estaban frustrando a causa de la voluntad ciega y necia de sus profesores.  Mi hijo, alumno de secundario, pronto se dió cuenta de que la situación era insostenible.  Siempre fue estudioso, pero se cansó de que un profesor se comunicara por mail, otra por whatsapp otre en Classroom, otro quién sabe cómo.  Se cansó de enviar mails con preguntas que jamás serían contestadas a tiempo, se cansó de que al unirse a un zoom el docente le exigiera encender la cámara. Se cansó.  "Así no aprendo", me dijo y tenía razón.  Le dije que no era tan grave, que era una situación excepcional, ya habría tiempo para recuperar. Le dije que cada tarea que hacía en este contexto adverso valía el triple.  Lo mismo que les dije a mis alumnes.  Elles comprendieron y agradecieron.  Pero cuando les decía lo mismo a mis colegas, sentía que hablaba al vacío.  La orden de la superioridad jerárquica era "Mantener el vínculo pedagógico" aunque nadie sabía bien qué querían decir con eso ni  cuestionaba que el vínculo pedagógico se pudiera confundir con un chat de whatsapp.

La maquinaria escolar no puede prescindir de la calificación, la evaluación, la acreditación.  Como si un proceso mental complejo  y subjetivo como el aprendizaje se pudiera medir con una escala arbitraria cualquiera.  Y sin embargo durante años se hizo, se usó una escala numérica y un sistema de medición llamado Régimen Académico.  En medio del caos pandémico, en medio de la angustia del aislamiento y de la pérdida de vínculo pedagógico, en medio del sometimiento a Google, las autoridades educativas imponen una arbitrariedad más:  la anulación del Régimen Académico consuetudinario y la imposición de la calificación mediante rúbrica.  La gota que derramó el vaso.  En ese momento decidí que todes mis estudiantes aprobarían mi materia.  Porque ya nadie sabía qué instancias tendría que seguir aquel o aquella estudiante que no acreditara la materia por no haber entregado un fárrago infumable de trabajos prácticos a un docente que no había visto en su vida.  Y esas instancias se revelaron un vía crucis en 2021, el segundo año del bienio. Dicen les compañeres franceses de Lundi am:

En todo el mundo, las escuelas nacionales utilizan la nota para valorar el trabajo de las personas encerradas dentro de sus muros. Herramientas de gobierno erigidas al rango de tótem, permiten disciplinar a los espíritus sin tocar los cuerpos. Producen la ilusión de una clasificación objetiva de los estudiantes, como si fueran la suma de ellos mismos, completamente independiente de las circunstancias materiales que nos configuran. El sistema educativo francés refuerza su selección social y, por tanto, obliga a los profesores a evaluar a sus alumnos en todas las direcciones.


El sistema educativo francés y el argentino, la misma metodología de disciplinamiento.  La mayoria de les estudiantes se adaptan, así como les profesores.  Hay que entregar trabajos.  Es la nueva pedagogía.  Nadie la cuestiona.  En diciembre de este año, cuando el verano ya entraba rotundamente por las ventanas de las aulas, una profesora de biología estaba sentada frente a media docena de alumnos copistas de trabajos.  "Profe", pregunta uno de ellos,  "¿que trabajos me faltan?".  La docente revisa su lista.  "A ver... ya me entregaste el 1, el 2, el 4.... te faltan el 5,6,7,8,9,10, 11 y 12.  Lo que no llegues a hacer ahora, los seguís en febrero".  El alumno, resignado, sigue copiando en la hoja de carpeta algo que titila en la pantalla de su celular.  Luego de unos minutos extiende un par de hojas  a la profesora. "Ya hice el 5".  La escena se repite con les otres alumnes y variando los números.  La profesora me dice bajando la voz: "¿Ves?  Solamente tienen que copiar los trabajos.  Y así y todo, algunos ni eso hacen".  No soy buena para las respuestas directas.  En vez de decirle si no le parece que copiar es un motivación nula para les estudiantes, le cuento que mi hijo tampoco se entusiasmaba mucho con eso de hacer trabajos.  Queda como una anécdota personal. Estoy tan deprimida que solo atino a felicitarme mentalmente por no haber colocado a mis alumnes en esa situación de alienación absurda, humillante.

Vuelvo a las fuentes galas:

[Podría pensarse que] la escuela es simplemente otra víctima inocente de nuestro modo de organización capitalista. Al contrario, su historia nos dice que es fruto de nuestra civilización capital-industrial y uno de sus principales órganos de propaganda. Como tal, debemos examinar los efectos específicos que produce como se ha hecho para los asilos o las cárceles. Hay quienes creen que estamos trabajando en un santuario emancipatorio, un espejismo cuidadosamente alimentado para evitar el colapso del culto. Pero si la institución es emancipadora, está en sus márgenes, su esencia es el legado de una burguesía obsesionada con controlar a las masas populares.

Y agrego por mi parte, controlar a sus trabajadores. Esa calificación por rúbrica, delirante, arbitraria, carente de fundamentos, además de sembrar la miseria y la incertidumbre pedagógica, dió pie a más precarización laboral docente.  Abrió de par en par los portales a lo que jamás nos hubiéramos imaginado:  el trabajo docente los días sábados y en enero, la prolongación indefinida de un ciclo lectivo sin receso.  El gobierno se pasó el Estatuto por donde ya saben y lanzó el plan ATR, la derrota gremial más rimbombante de la década.  Más degradación laboral, más fuerte hay que remar.  Pero ahora el mar no es de confitura láctea; como esa novela de Jonathan Carroll, el mar en el que remamos es de madera.

Agobiades por salarios bajísimos devorados por la inflación, les docentes de escuela secundaria deben acumular horas y trabajar en muchas escuelas, perder tiempo y dinero traslandándose de un lugar de trabajo a otro.  No hay tiempo para estudiar, para formarse, para leer. los cursos de capacitación del Ministerio tanto de la Provincia de Buenos Aires como de Nación están alejados de la realidad de las escuelas, ofrecen un material pobre, aburrido, reiterativo.  No promueven el debate de ideas ni el pensamiento abstracto y crítico.   En una reunión docente, una profesora hablando de su hijo adolescente, estudiante de una escuela secundaria técnica, lo describe así: "Es muy inteligente pero es muy crítico".  La construcción adversativa coloca a la crítica como una actividad que va en detrimento de la inteligencia.  Hay consenso en ese tipo de formas de pensar.  Nos alejamos a pasos agigantados de la idea de que el rol de les docentes es enseñar pensamiento crítico.  En lugar de eso se promueve el voluntarismo, se piensa que lo que vale es ver el lado positivo de las cosas, se ve a  la crítica como queja, al reclamo como negatividad, a los derechos como privilegios. El neoliberalismo va ganando.

No puedo esperar a quebrar este sistema para construir otro.  Porque el sistema ya se quebró y estamos en el mientras tanto. Y mientras tanto, basta de notas.  Está decidido.  Me quito la gorra de policía, eso nefasto y ridículo que había en mí y que me hacía decir "el que no hace esta tarea se lleva la materia" y cosas peores.  Eso se acabó.  ¿Cuál sería el problema?

Cito

Está bien si no vienen. Si prefieren quedarse en cama. O jugar a videojuegos. O leer un manga. O salir con sus amigos. Todo depende de cómo decidas organizarte, pero cualquier cosa es mejor que la nota. Incluso el quilombo. Al menos, no haremos que lxs niñxs se acostumbren a ser calificados por los maestros ciruela de la disciplina. No, les permitiremos que expliquen las cosas y que les expliquen las cosas. Esto sin entrar en el terror de los ceros y con la premisa básica, a la Rancière, de igualdad de inteligencia*

Me parece una decisión plena de sentido común. En medio del caos de las calificaciones caprichosas, prefiero no poner notas, aprobar a todes, promover el amor al conocimiento por el conocimiento mismo.  Basta del verso hipócrita, retrógrado y fascista de la exigencia.  ¿Cómo puede haber exigencia académica si el aula se cae a pedazos, si la iluminación es mala y el ventilador no funciona? Que les alumnes pregunten lo que no entiendan y que por fin sea verdad eso que les decimos el primer día, que les vamos a explicar cien veces si hace falta.  Que corrijan sus errores y que vuelvan a preguntar.  Que si un tema no les gusta lo dejen de lado y que si un tema los atrae eso sea más que suficiente, por el momento.  Que escuchen una y otra vez las explicaciones, que se expliquen  entre elles con sus palabras.  Que resuelvan todo con lápiz sin importar las equivocaciones. Que sepan que siempre se puede borrar y volver a empezar de cero.





* Las citas son del texto de Hugo Dorgere aquí:

https://lundi.am/Monsieur-enlevez-moi-mon-zero





Comentarios

Entradas populares de este blog

Un artilugio caprichoso y errático

Los libros de los vivos

Theodora y lxs diminutxs