Evaluación
Tiempos modernos
Locación: Conurbano bonaerense. Escuela estatal pública de educación secundaria técnica.
Temporalidad: Meses de ASPO y luego etapa de responsabilidad individual.
Durante la cuarentena y la virtualización forzada de la educación aprendí una cosa: yo, como profesora no era nadie para ninguna autoridad educativa. Mi voz como profesional no sería escuchada. Mis conocimientos sobre la didáctica específica de mi materia, Matemática, no valían nada ni para el jefe de departamento, ni para el director ni para el supevisor ni para la Dirección General de Escuelas. Yo era un cero a la izquierda. Yo era una operaria en la línea. De mí se esperaba que siguiera las instrucciones que me llegarían por mail o whatsapp. No se suponía que yo opinara ni dijera lo que pensaba sobre la educación de los alumnos a mi cargo en ningún momento. Esto no era nuevo para mí. Sin embargo con la distancia física, la reclusión y el aislamiento, esta situación se hizo sólida e inamovible por una simple razón: el lugar donde habitualmente ocurrían los intercambios significativos y donde yo podía hasta cierto punto ignorar las jerarquías que constituyen el sistema educativo , es decir, la clase, ya no estaba.
El mail de instrucciones decía que debíamos enviar trabajos prácticos cada diez días en Classroom y otras indicaciones que me parecieron igualmente absurdas. La educación nunca es ni fue dar trabajos prácticos y corregirlos a vuelta de correo, pero no había mucho más que obedecer. Hay que priorizar el vínculo, decían ellos. Y quedaba claro que para ellos, el vínculo se reducía a la conexión a la máquina digital. Suspiré. A ver qué se puede hacer, me dije.
Otra de las cosas que pasaron es que las autoridades educativas decidieron también una forma de evaluación. Lo llamaron alternativamente valoración, evaluación y relevamiento, según la conveniencia y también porque no podían evitar la precariedad del concepto. Ellos deciden pero eso no significa que sepan siempre lo que hacen. Básicamente había que hacer el recuento de les alumnes que enviaban los trabajo prácticos. Para ese entonces los problemas de conectividad ya eran evidentes además de los no tan evidentes: que sin presencia no se puede establecer una relación dialógica como la educativa.
Desde el primer momento dije que esa evaluación era un mamarracho. Viene de arriba, me dijeron. No hagamos estas planillas, propuse. Mis colegas dijeron, tenés razón, pero... Mis colegas estaban invirtiendo todas sus energías en adaptarse. Probemos eso, pensé y a ver donde nos lleva. Obviamente, a donde yo no quería ir. Verificación.
La evaluación es parte del proceso educativo. Cualquiera sabe eso. Lo cual significa muchas cosas. Por ejemplo, que la evaluación no es neutra. Tiene efectos sobre el proceso de aprendizaje. Y eso es igual a decir que tiene efectos sobre las personas. La escala propuesta era A,B,C,D. Se nos aclaró que D era para les alumnes que nunca, nunca, nunca se hubieran contactado de ninguna manera. Presa de horror, me dediqué a cumplir la orden. Hice caso omiso de la B y la C y solamente usé A y D, con la vaga ilusión de que la palabra "relevamiento" significara que alguien se iba a comunicar amablemente con los alumnos D. Que ingenuidad. Lo que ocurrió después de que les alumnes recibieron esa evaluación en octubre es que muches de elles empezaron a enviarme trabajos que yo había subido hacía meses. La evaluación de una manera violenta, puso a les alumnes en el lugar indeseable para cualquier proceso educativo de hacer actividades para cumplir. Y a mí me puso en el lugar indeseable de ser quien registre el cumplimiento. Una verdadera atrocidad pedagógica.
Y sin embargo, que Guy Brousseau me perdone. no puedo hacer más que anotarlo aquí donde mi memoria recurrirá en tiempos, espero menos brutales.
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